Laberinto con pilas

Primera parte“Leds y focos”
Acabo de entrar en un laberinto iluminado; todo es bonito, luces, pasillos brillantes y puertas (prácticamente) a cada paso. No importa que camino elijo, todos me guían, me iluminan a cada paso. No me siento asustado, ni tampoco perdido, ya que la infinidad de puertas que tengo a mi alcance me quita la ansiedad y las luces, como si vienen de la nada, tienen un color cálido, agradable…
Cada puerta que escojo es un acierto; hay gente muy amable que me tratan como si fuera alguien muy importante. No importa la calderia que tenga en mi bolsillo porque la tiro y “de la nada” se convierte en billetes. Es increíble, es fantástico, es un sueño. Es un espacio y tiempo que todos queremos estar o al menos hemos estado de alguna manera u otra. Este es mi momento y aunque nadie me conoce, todos me tratan como si fuera un famoso, como si fuera especial.
Cada vez que salgo de una puerta, en el pasillo, tengo un mini-mapa hacía la salida. El mapa es tan pequeño, que tienes que mirarlo apropósito para observar que hay algo allí. Ya que dicho mapa esta camuflado entre cuadros y paredes pintados de forma muy ostentosa; si quieres acercarte al mapa, hay mujeres que me invitan tomar copas gratis y todo tipo de servicios sin nada a cambio y me dicen que no hay motivos para salir.
Para seguir adelante en el laberinto hay una infinidad de flechas iluminadas y cada paso que doy adelante, las puertas están cada vez más abiertas, la ficción se convierte en perfección; ni siquiera me doy cuenta, pero a menudo llevo otra ropa diferente y cada vez más cara. No se de donde, porque ahora mismo no tengo nada en el bolsillo. Cada vez que escarbo y encuentro algo, una miga se convierte en pan y una gota en una fuente.
He llegado al centro del laberinto; a continuación tengo una infinidad de salidas, hacía lo más grande, hacía lo incontrolable e indomable, hacía lo superior… pero hay una única salida para volver hacía atrás con todo hasta el momento. Con el nombre y el apellido, con el material y con todo el cache adquirido.
No me importa, no quiero volver atrás, hay que ir adelante, ¡siempre adelante!

Segunda parte“Neones y velas”,
He decidido continuar, atravesar el ecuador e ir hacía la gloria. Parecía que estaba metido en un vídeo juego lleno de puertas e infinidad de caminos; a cada paso los caminos se volvían un tanto más anchos y también se multiplicaban las puertas. Esta vez estaban cerradas pero podría pasar sin problemas. Lo más curioso es que empecé a sentir la inquietud en la gente, me sentía cada vez más observado, más vigilado. Casi podría escuchar: “a por él”. Cada vez entendía menos lo que pasaba, cada vez sentía más desesperación y aunque la gente vestía cada vez mejor y el servicio era aún más superior, mi cabeza me daba vueltas y sentía gritos y desesperación. Ya no había vuelta atrás, tenía que seguir mi camino y aunque me sentía blindado, en parte, todo se volvía cada vez más frágil. Cada vez que salía de una habitación el camino era diferente y la gente vestía una capa de superioridad para ocultar sus miedos.
No conseguía salir de aquello, sentía que me había metido dentro de un bucle y cada vez me absorbían. Parecía fácil pero a la vez imposible. Era como si una pluma pesará una tonelada, todo lo sencillo se volvía jodida-mente dificil.
Todas las luces bonitas cálidas se han convertido en neones antiguos y velas que apenas podrían iluminar el camino de mi laberinto. Tropezaba a cada paso, necesitaba más luz para poder seguir pero todo se volvía cada vez más oscuro y sentía cada vez más agresividad en cada sonrisa de la gente.
No mucho después, empece a ver gente del montón; estaba más tranquilo pero sentía una inquietud interior que no se podría explicar. Dos parpados después, había salido del laberinto, empecé a ver gente pobre, muy pobre: caras deprimidas, miradas apagadas a menudo mirando al suelo, ojos casi cerrados, olores rancios e incluso entorno un tanto peculiar para mi pero muy normal para ellos. Tenía el poder de sentir todas las energías y las vibraciones que la gente transmitía en ese momento; todo era fracaso, desesperación, sufrimiento y hambre. Por un instante estaba contento que no me habían llamado, pero lo raro era que yo mismo me acerqué a ellos, me senté en el suelo y me miré a mi mismo:
¡de repente ya formaba parte de aquel grupo!

Fin!

Fuente: ior-g.net

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